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La creación de imágenes en el realismo mágico de Juan Rulfo

MAV. Mireille Merlos Sánchez

pmmerlos@unla.edu.mx

 

“Vine a Cómala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo. «No dejes de ir a visitarlo —me recomendó—. Se llama de otro modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte». Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aún después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.”

 

— Pedro Páramo, Juan Rulfo.

 

Con esa promesa inicia el viaje de Juan Preciado para buscar a su padre entre la prosa poética y el realismo mágico de Juan Rulfo, que sin duda era un escritor brillante, accesible y mágico, que tenía una capacidad extraordinaria para escribir sobre lo común de forma tan novedosa que parecía algo diferente, tanto así que aunque haya escrito Pedro Páramo hace décadas sigue pareciendo actual. Tenía una especial capacidad para estructurar las palabras en el orden correcto para que una frase fuera la vez tan simple y tan llena de sentidos.

 

También para generar imágenes penetrantes y atmosféricas, por lo que lo imagino como un pintor, un creador de imágenes que no usaba lápices de dibujo, pinceles, pinturas o cualquier otro material de arte, sino los signos llamados letras unidos en palabras, oraciones y párrafos que estructurados sintácticamente conducen a una composición visual que se genera en la imaginación del lector. Usa las letras como si fueran los elementos básicos de la imagen: el punto, la línea, la escala, la forma, el color, la textura o el contraste y el resultado es un conjunto de imágenes que hablan sobre la muerte, la soledad, la desolación, la tristeza, la impotencia, el sufrimiento y el miedo.

 

No sólo escribía, evocaba imágenes, Octavio Paz escribió sobre él: Juan Rulfo (Paz, 1967) es el único novelista mexicano que nos ha dado una imagen —no una descripción— de nuestro paisaje.

 

Ya que Rulfo fue capaz de, sólo usando palabras, dibujar un contexto completamente visual, lleno de figuras, colores y texturas para la imaginación. Sus imágenes pertenecen al realismo mágico, una mezcla de cosas que existen en la realidad combinadas con cosas imposibles, inexistentes, improbables o poco comunes y el resultado son imágenes oscuras y surrealistas, donde todo puede suceder.

 

Logró captar escenas vivas aunque hablara de la muerte y con las palabras fue contorneando o dándole forma a un Cómala desolado, árido y caliente, como si se tratara de un infierno, donde los habitantes viven penando desdichados, en ese lugar que tuvo su esplendor y también su derrumbe mucho tiempo antes aunque pareciera que todo sigue igual.

 

Rulfo como en el cubismo descompone la historia, la rompe en diferentes perspectivas que nos muestran el todo y a la vez las partes desordenadas y que nos trasladan de un momento al otro sin advertirlo, para perdernos en el tiempo y en el espacio y así desorientarnos, como cuando soñamos, así enfatiza la confusión del pobre Juan Preciado tan asustado porque no termina de entender qué es lo vivo y qué es lo muerto en el Cómala de su madre.

 

De esa forma empieza a vagar entre retablos y pequeñas pinturas en las que platica con los habitantes del pueblo, que son dibujos hechos de palabras, de palabras que hacen referencia a su pasado y gracias a lo cual se revela qué papel tuvieron en la vida de Doloritas y Pedro Paramo, —su madre y su padre—. A través de esos personajes fantasmales Juan descubre a su padre como un ser despreciable, voluntarioso, mujeriego, aprovechado, tramposo, vengativo y mentiroso, pero también humano y lleno de dolor porque paradójicamente aunque podía tomar lo que quería nunca pudo tener a quien más amaba y a quién también la vida le arrebato lo más preciado, haciéndole cuentas forzadas de lo que él había tomado por adelantado y con sobras.

 

Por conocer a su padre Juan Preciado pagó un precio muy alto con tal de cumplir con la promesa a su madre, entre las visiones borrosas de otros tiempos que se muestran como imágenes nítidas hechas de textos que permiten ir trazando un camino y construir la historia que habla de Pedro Páramo.

 

Rulfo sin duda era un excelente observador, que unido a una gran capacidad para el uso del lenguaje y una imaginación desbordante logró retratar su contexto histórico inmediato a través del uso de una pluma que tenía características de pincel y nos regaló Pedro Paramo que es una de las novelas más visuales y ricas en imágenes poéticas y artísticas de un Cómala que representa una tierra mítica en la historia de la literatura.

 

Bibliografía:

Rulfo, Juan (1965). Pedro Páramo. México: FCE.

Paz, Octavio (1967). Corriente Alterna. México: Siglo XXI Editores.

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Fernando Chávez López