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UNLA - Blog / Licenciaturas  / Entrevista a Luis Roberto Mantilla Sahagún, Rector de la UNLA

Entrevista a Luis Roberto Mantilla Sahagún, Rector de la UNLA

“Me llamo Luis Roberto Mantilla Sahagún. Nací en la ciudad de México el 10 de enero de 1975. Estudié la licenciatura y la maestría en Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México. Tengo un doctorado en Historia por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y actualmente estudio la licenciatura en Derecho en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla. Me desempeño como Rector de la Universidad Latina de América. Me considero una persona entregada, apasionada, responsable, disciplinada y comprometida.”

Por Víctor Rodríguez Méndez
Editor del Nexum

¿Si la Universidad Latina de América tuviera una personalidad, cómo la definirías y qué aspectos resaltarías de ella?

—Sería una persona joven, versátil y abierta, con un amplio ejercicio de su libertad; no sería una persona cuadrada, dogmática. Sería sin duda una persona dispuesta a conocer y aprender, dispuesta a vivir diversos tipos de experiencias, sin prejuicios. Tendría una capacidad de asombro importante, con apertura a lo diferente, que no juzgaría al otro, sino más bien estaría dispuesta a conocerlo. Estaría siempre buscando nuevos mundos, sin temor a lo diferente. Creo que sería una persona con mucha capacidad de adaptación a sus circunstancias.

 

¿Podrías definirnos brevemente en qué consiste el modelo académico de la Universidad Latina de América (UNLA)?

—Se trata de un modelo muy interesante y de vanguardia, en el sentido de que desde su conformación identificó y visualizó lo que iba a pasar en el mundo. Es un modelo con varios ejes: uno, la internacionalización, que significa que atendemos los asuntos de la realidad no solamente desde una perspectiva local o regional, sino planetaria, de tal suerte que no nos son ajenos los problemas y los asuntos del ser humano donde quiera que esté, dado que entendemos que lo que pasa en otros lados repercute aquí y viceversa.

“Tenemos un eje interdisciplinario, que significa que atendemos los asuntos desde una perspectiva de varios saberes, experiencias y conocimientos. Creemos que los fenómenos de la realidad deben atenderse desde visiones complementarias. Tratamos de integrar esos saberes y así tener una comprensión más holística del fenómeno correspondiente.

“También nos orientamos en una perspectiva de vinculación, en el entendido de que las relaciones que construimos con el mundo también constituyen un eje importante de nuestro modelo; es decir, no nos creemos seres aislados ni solitarios, sino que más bien somos sujetos en relación con otros sujetos y con otras instituciones, de tal manera que necesitamos de los demás para desarrollarnos. Ésta es una perspectiva de libertad, porque –como dije antes– no somos dogmáticos, sino que tendemos puentes de comunicación con diferentes tipos de expresiones. Es también una perspectiva de compromiso y responsabilidad porque entendemos que hay referencias y parámetros, manifestaciones que hacen que estemos encauzados hacia nuestra propia dinámica y la de otros específicamente.

“Contamos además con una perspectiva de apreciación de lo diverso, en la que consideramos muy importantes los puntos de vista de los demás. Nuestro modelo académico no se enfoca, pues, a una sola perspectiva, sino que entendemos que todas las perspectivas, los discursos y los relatos son importantes y cada uno aporta algo a la construcción del metarrelato.

“Y, finalmente, desde la flexibilidad, en el entendido de que sabemos muy bien que el aprendizaje se lleva a cabo no solamente dentro del aula, sino que está en todos los lugares y desde todo el conjunto de acciones que lleva a cabo el ser humano. En este sentido, creemos que los espacios públicos, las interacciones, el lenguaje y todas las expresiones culturales forman y educan”.

 

¿Cómo percibes la realidad actual de la UNLA?

—Desde la perspectiva del modelo académico, la percibo de vanguardia en tanto que estos componentes se crearon desde la fundación y se han venido desarrollando a lo largo de 25 años; pero si nos regresamos a 1991, algunos de esos componentes o no se visualizaban o apenas estaban en cierne, de tal modo que ahora vivimos en un mundo que participa en mucho de estos elementos. Desde una perspectiva de la realidad me parece que no podemos decir que el modelo se está ejerciendo o viviendo todo el tiempo a cabalidad, pero tampoco podemos decir lo contrario; creo que en cada uno de los actos de la propia Universidad se actualizan algunos componentes y otros no, de manera que tenemos como reto que todos lo conozcamos, lo asumamos y lo practiquemos permanentemente. Veo que hemos sido congruentes con nuestro hacer, pero –como todo proyecto humano– el propio modelo académico se hace todos los días, de tal suerte que no podemos en ningún momento decir: «Ya se hizo y hasta aquí llegamos», sino que mientras viva la Universidad, diariamente tenemos que esforzarnos a que se realice.

“En un concierto más amplio, veo a la Universidad en un proceso de transformación que se está ajustando a la dinámica de las necesidades y de la atmósfera de la realidad; está evolucionando hacia sus propios procesos, hacia sus propias maneras de interactuar con el exterior, hacia su propia oferta académica, de tal manera que estamos ahora mismo poniéndonos en sintonía con lo que está pasando allá afuera. Creo que la Universidad ha ocupado un lugar muy relevante en Morelia, en Michoacán, en México y en el mundo; con toda modestia, pero con todo orgullo, puedo decir que en estos 25 años esos ámbitos no se entenderían sin la Universidad Latina de América. Allá afuera al día de hoy hay más de 3 200 egresados que están interactuando como seres individuales, sociales, familiares y como profesionistas y le están aportando un grano de arena a la sociedad para la transformación de la realidad y, por tanto, de alguna u otra manera estamos contribuyendo a tener un entorno más justo, más pacífico, más humano, mucho mejor del que recibimos. La Universidad Latina de América ha sido una institución que en muchos sentidos ha ido marcando la pauta en algunos asuntos de diversos sectores y situaciones de Morelia y de Michoacán”.

 

Con todo ese contexto, ¿cuál es entonces la identidad del alumnado de la UNLA?

—Es la de un ser humano abierto, libre y dispuesto a sumarse a la realidad no como un sujeto pasivo, sino como un actor que está impulsando cambios para transformar su propio entorno.

 

¿Qué hace un Rector?

—Un Rector lo que hace es, por un lado, establecer junto con los órganos colegiados de la institución las estrategias fundamentales a través de las cuales se desarrolla el devenir de la Universidad. Por tanto, el Rector facilita que ese establecimiento se materialice en la realidad. El quehacer de un Rector tiene que ver con generar, junto con esos cuerpos colegiados, las grandes directrices sobre las cuales todos vamos a desarrollarnos, para así materializar permanentemente nuestra misión y visión, así como nuestra filosofía institucional. Cabe decir que este establecimiento no está basado sólo en supuestos del Rector, sino que se fundamenta en el propio modelo filosófico y los ejes rectores de la institución, y que han sido aprobados por el Consejo Universitario y el Comité de Planeación y que, además, están nutridos por cada uno de los grupos o actores de la propia comunidad. No es un trabajo solitario, en cuanto a su definición ni ejecución, sino más bien es parte de un trabajo colectivo que el Rector debe coordinar y articular.

 

¿Cuánto tiempo te lleva hacerlo?

—¡Me lleva las 24 horas de los 365 días del año! La actividad de Rector es permanente en el más amplio sentido de la palabra; uno no deja de ser Rector en ningún momento, por muchísimas razones, de tal modo que esta actividad nos compromete al cien por ciento todo el tiempo.

 

¿Qué te motiva más para seguir haciéndolo?

—Dos cosas: primero, la posibilidad de contribuir a la formación de personas que cuando egresen sean mejores seres humanos y excelentes profesionistas que, por tanto, cumplan su función humana y profesional; y en segundo término, haber contribuido a que la sociedad tenga seres humanos y profesionistas bien conformados, en el marco de nuestra misión, visión y filosofía institucional. Ésta es mi principal motivación.

 

¿Qué tan difícil resulta tomar decisiones desde el cargo de Rector?

— Cuando uno toma una decisión lo hace a través y apoyado, por un lado, de los órganos colegiados y, por el otro lado, de la información que se tiene a la mano; pero en ocasiones el contenido de esa información no se puede necesariamente compartir, por diversas razones, como pasa en cualquier ámbito de la vida. Por tanto, la decisión que se toma no siempre satisface a todos, y a veces uno no puede participar a los demás de todos los elementos que se consideraron para tomar esa decisión, lo que genera que pueden surgir diversas perspectivas al respecto, que no cuenten con todos los elementos ni las ponderaciones correspondientes. Uno tiene que aprender que esas diferencias de visión se nutren muchas de las veces de la falta de perspectiva y saber, por tanto, que así es la dinámica. Ahora bien, sin duda alguna, por más que sea compartida una toma de decisiones siempre el Rector deberá terminar por inclinar la balanza hacia un lado o hacia otro. Y ese es un proceso que hay que tomarlo con mucha responsabilidad y seriedad, pero también con mucha firmeza y seguridad, a sabiendas de que lo que se hace, se hace de buena fe y por el bien de la institución y de las personas que giramos entorno a la universidad, por lo que idealmente, tarde o temprano, se entienda o no en ese momento, acabará comprendiéndose la decisión conforme se vaya materializando en el tiempo.

 

¿Qué extrañas más de dar clases?

—¡Lo que más extraño en la vida como profesionista y como ser humano es, por supuesto, dar clases! Esa es para mí una actividad principal, dado que provengo de la academia. En la primera oportunidad que tengo de dar una plática, conferencia o una participación docente en un diplomado o un programa académico, inmediatamente la tomo, porque mucho me satisface y nutre.

 

¿Cómo visualiza Roberto Mantilla Sahagún a los jóvenes actuales?

—Son jóvenes evidentemente distintos a los de otras generaciones, por muchas razones. Viven en un contexto muy diferente, se trata de una etapa histórica atravesada por una considerable presencia de recursos tecnológicos que han modificado la manera como ellos atienden la realidad; creo que antes que condenar esto, quienes ya no somos de esa generación debemos entender esta dinámica tecnológica y, más bien, aprovechar esos recursos para que podamos con ellos contribuir a su mejor desarrollo.

“Por otra parte, son jóvenes que pareciera que les ha tocado un mundo más complicado –lo que seguramente cada generación dice de sí misma respecto de las anteriores–, pero creo que nuestros actuales jóvenes tienen la gran ventaja de que viven en un mundo abierto, sin fronteras, llámense fronteras laborales, económicas, sociales, culturales, políticas e, inclusive, intelectuales, que generaciones pasadas no necesariamente tuvieron. Ahora el tamaño de mundo está a merced o en proporción de las capacidades de los propios jóvenes; si ellos adquieren habilidades, destrezas y conocimientos para interactuar en el mundo, pueden ir a donde quieran. Creo, además, que los jóvenes de hoy han perdido el miedo a muchas cosas, a diferencia de otras generaciones; por lo tanto, nosotros tenemos la oportunidad de acercarles esta visión y ellos de comprenderla para no sentirse limitados en su desarrollo y posibilidades presentes y futuras”.

 

¿Hay algo que te preocupe de la actual situación de la sociedad con relación a la educación universitaria?

—Me preocupa que hoy en día la sociedad, precisamente en materia de tecnología, ha estado confundiendo los fines con los medios. En este sentido, el temor que tenía Heidegger en el siglo XX sobre la pérdida del ser por la técnica se ha vuelto una realidad. Es decir, hemos ido perdiendo la sustancia y el fundamento, así como hemos extraviado el significado de la propia existencia por recursos y herramientas, que no son otra cosa más que medios, pero no los fines. Se percibe en la manera como interactuamos y pensamos, en cómo referimos la realidad, cómo la nombramos, y en cómo nos desarrollamos. Creo que la especie humana está viviendo un momento de riesgo si no somos capaces de encauzar el camino y enfocar lo sustantivo y esencial. Esto se intensifica en los jóvenes en tanto que ellos no participaron de una etapa en la que lo sólido era más común, por lo que no tienen otro referente ni otra experiencia de vida al respecto; el sociólogo Zygmunt Bauman lo ha descrito muy bien sobre las expresiones líquidas de la vida –el amor, las relaciones, la existencia misma– en las que todo se diluye y va perdiendo consistencia, todo es desechable y, por tanto, todo es desprendible; es decir, parece que nada importa a mediano y mucho menos a largo plazo. A través de todo esto, la sociedad ha extraviado valores, principios y referencias que nos ayudan a articularnos como especie humana. Pareciera que ahora la vida, la dignidad, la esencia, el conocimiento y la verdad se fundamentan en cualquier cosa, y esto es un problema real. Varios pensadores del siglo XX lo advirtieron (Ortega y Gasset, Heidegger, Marcuse, Cioran, Lipovetsky, Canetti, Sartori, Pappenheim), quienes a través de sus libros hicieron una radiografía de nuestra época con síntomas claros que muestran que la humanidad se dirige hacia caminos que, de no modificarlos, nos van a traer problemas como los de hoy en día, pero que el día de mañana los vamos a tener con más intensidad.

 

¿Cree que la educación universitaria, y lo que le toca a la UNLA, está cumpliendo con los retos que plantea la realidad social?

—Sí, y lo digo de manera contundente. En la medida en que nuestros jóvenes –abiertos, dispuestos, no dogmáticos– tengan capacidad crítica y de adaptación, así como de encontrar soluciones creativas, seguiremos conformando seres humanos y profesionistas que no se sumen al statu quo y lo reproduzcan, sino más bien que lo comprendan y lo transformen. Creo que la UNLA está haciendo esto a buen nivel con sus egresados, lo cual nos da cuenta que este recurso formativo, fundamentado en nuestros modelos académico y pedagógico, puede hacer que la sociedad se transforme.

 

¿El humanismo es el camino?

—Sin duda alguna. El humanismo es el camino, me gusta como lo dices, porque así debe ser entendido. Incluso, el humanismo como directriz del devenir histórico se ha ido perdiendo, y hay que recuperarlo; de tal manera que nos corresponde a todos ser menos auto referenciales y más abiertos al múltiple y enigmático ser del ser humano, para así poder entenderlo a cabalidad en todas sus dimensiones y, por tanto, atenderlo sin descuidar ninguna de ellas.

¿Qué significan 25 años de existencia para la UNLA?

—Por un lado, significan la constatación de que a lo largo de cinco lustros hemos hecho una labor con resultados que no son inventados, sino que están presentes en el quehacer de nuestra comunidad universitaria, conformada por alumnos, egresados, profesores, padres de familia y personal, y en todas y cada una de las actividades que llevamos a cabo. Por otro lado, significa la posibilidad de refrendar el compromiso con nuestra comunidad y con todos los sectores con los que nos hemos relacionado en estos 25 años, los cuales nos han apoyado en nuestra labor de identificar las directrices, deseos y necesidades de lo que va sintiendo y requiriendo la sociedad. También es la oportunidad de reinventarnos. Las instituciones, como los seres humanos, tienen el deber de reinventarse de acuerdo con su propio desarrollo y su entorno. La sociedad de hace 25 años es diferente a la actual y, por tanto, exige que nuestra oferta académica, la manera como pensamos la realidad, el modo como nos relacionamos con los otros y el lenguaje con el que nombramos lo existente, se tenga que renovar. Renovarse, sin embargo, no significa desechar todo lo que nos sostiene desde hace 25 años; significa que debemos reconsiderar y retomar la esencia de lo que nos ha permitido ser lo que somos. También debemos incorporar nuevas perspectivas, nuevos saberes y nuevos aprendizajes para proyectarnos hacia otros 25 años, y luego hacer lo mismo de tal suerte que estemos en permanente construcción. Hay que tener la capacidad de aprender y desaprender lo que hacemos, lo que somos y cómo lo hacemos para tener la posibilidad de responder a la sociedad hacia el futuro; de lo contrario, estaríamos anquilosándonos y alejándonos de la realidad, lo cual equivale a no servirles a nuestros jóvenes.

 

¿Cuáles crees que son los principales retos de esta Universidad?

—El principal reto de la Universidad Latina de América, para decirlo globalmente, es seguir siendo una institución de avanzada para seguir sirviendo a la sociedad en sus múltiples desafíos. De esto se desprenden, a su vez, varios desafíos: tener una oferta académica renovada; explorar en ella nuevas modalidades de conformidad con la nueva dinámica social; como personal laboral, seguir preparándonos; seguir interactuando con la sociedad y no perder de vista a todos los sectores; seguir siendo una institución crítica, libre y responsable, y muy social, que es una característica muy definida de la Universidad, que se materializa no sólo en nuestro quehacer institucional, sino en nuestros egresados, quienes están marcados fuertemente por un interés social muy definido. Es decir, lo que sucede en la sociedad nos importa mucho y actuamos en correspondencia.

 

¿Qué iniciativas o proyectos futuros inmediatos tiene programados para los próximos 25 años?

—Vamos a seguir explorando, identificando y llevando a cabo nuevos programas académicos y modalidades educativas para mantener abierta nuestra oferta a las necesidades de los sectores sociales; por tanto, debemos tener la disposición de que los programas o modalidades que, por alguna razón dejen de servir a la sociedad, se transformen, sin tener temor a ello, e incorporemos nuevos. Si hacemos cortes en cada generación podemos encontrar que hay programas académicos que en su momento eran muy necesarios, pero después lo dejaron de ser, por diversas razones, mientras que otros siguen siéndolo, y otros más nunca se concibieron y de pronto se incorporaron. Esto seguiremos haciéndolo con nuestra oferta académica y no debemos de sentirnos mal si tenemos que transformar o enriquecer algún programa, o inclusive si tenemos que dejarlo de lado para incorporar uno nuevo.

 

Finalmente, ¿qué le dirías en este año emblemático a la gente que te acompaña en tu labor y que contigo hace día a día la Universidad hacia el interior?

       —Por un lado, agradecerle y reconocerle a esas personas el trabajo que realizan. No hay, de ninguna manera, un trabajo anónimo; uno sabe perfectamente lo que cada quien lleva a cabo. Por otro lado, decirles que sigan confiando en este proyecto que todos construimos y realizamos diariamente, y que sepan que lo que hacen no solamente se ve sino que tiene implicaciones importantes, y que por tanto son corresponsables de lo que va pasando en nuestra Universidad. Cada uno, con su acción, va delineando a la institución.

“Es importante señalar que en el espacio de quienes tenemos una responsabilidad de gestión académica –que no de trabajo administrativo– también se materializa la actividad formativa, pues ésta no sólo se lleva a cabo en el aula, sino fuera de ella, en cada uno de los lugares y en cada una de las formas donde y como interactuamos con los demás. La toma de decisiones, cualesquiera que éstas sean, también están impregnadas de lo formativo y lo académico”.

“También les diría que confíen en las decisiones que tomamos, pues están basadas en elementos suficientes que indican lo que debe realizarse. Espero que con su buena disposición y confianza nos sigan apoyando a realizar nuestro quehacer colectivo, que por cierto no es cualquier trabajo: es una obra civilizatoria, porque trabajamos en una institución formativa y eso, con respeto a cualquier otro tipo de actividad profesional, implica una responsabilidad enorme, que no le corresponde únicamente al docente realizarla, sino que todos lo hacemos en conjunto. Trabajamos en lugar que tiene como misión conformar un mundo mucho mejor, y todos somos corresponsables de ello”.

 

Colofón

Luis Roberto Mantilla Sahagún es enfático al remachar la entrevista: agradecer a los alumnos y egresados, quienes para él son la razón de ser de lo que impulsa a la Universidad Latina de América a trabajar cada día. “Quiero decirles que estamos muy agradecidos con ellos por la confianza depositada en nosotros, y muy comprometidos a la vez porque en la UNLA encuentren los espacios, las atmósferas, las herramientas y los aprendizajes que los hagan sentir satisfechos en esta etapa de formación y, también que cuando egresen tengan estos recursos, los actualicen y los ejerzan no sólo en su vida laboral o profesional, sino en su vida personal, en general. Les deseamos mucho bienestar y mucha felicidad, que amen lo que hagan, que se abran y nunca pierdan la capacidad de asombro, y que sigan representando a su Universidad como lo han hecho hasta el día de hoy, lo cual nos hace sentirnos muy orgullosos de cada uno de ellos”.

 


De perfil

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Con un pensamiento de agradecimiento, optimista y de servicio.

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El libro.

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Leer.

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¿Qué lugar ocupa la risa en tu vida?

Un lugar muy amplio y alto. Reírme, sobre todo de mí mismo.

¿Qué palabra usas más frecuentemente?

Arropar.

¿Qué añoras de su infancia?

La atmósfera de completitud.

De pequeño, ¿qué querías ser de grande?

La verdad es que no me propuse nada en particular. En todo caso, supongo que lo típico de todos los niños: bombero.

¿Qué noticia te ha conmovido recientemente?

La del niño en Siria, colocado en una ambulancia, después de haber sido bombardeada su casa, con la mirada fija en el vacío sin entender qué estaba sucediendo en su vida.

¿Qué consejo le das a un estudiante recién graduado?

Que se atreva e imagine lo que quiera ser y lo haga a cabalidad.

¿Cómo te ves dentro de quince años?

Pleno, trabajando y lleno de proyectos, porque estoy lleno de proyectos todos los días. No sé dónde voy a estar, pero sí estoy convencido que en un espacio formativo; en un lugar académico y, preferentemente, dando clases e investigando.

 

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Fernando Chávez López